Suena el despertador. Te despiertas, el molesto zumbido te traspasa el alma y el cerebro. Son las [inserta aquí la hora a la que te despiertas normalmente], es pronto todavía, aún no han puesto ni las calles, voy a dormir dos minutitos más, piensas, mientras tus párpados se caen y las legañas hacen las veces de pegamento.
Media hora después te incorporas de golpe. Por algún extraño motivo que la razón humana no alcanza a entender, el despertador se ha desprogramado y se ha negado a sonar de nuevo. Llegas tarde. Llegas media hora tarde. Despertarte, vestirte, abrir la puerta y salir corriendo cortando el aire como un rayo es todo uno. Y en el coche, o en el autobús, o en el tren, o en el trolebús, o en el que sea tu medio de transporte habitual, piensas en la pedazo de peta que tu profesor, o tu jefe, o tu novio/a, o quienquiera que sea con quien hayas quedado, te va a echar encima por tu improcedente, imperdonable e injustificado retraso.
Te voy a decir algo. De entre todos los inventos absurdos, ridículos e inservibles que ha parido la humanidad, el tiempo es el peor de todos. Pero, ¿qué es el tiempo? Venga, dímelo. No hay huevos a definirlo sin mirar el diccionario. La realidad, si es que existe (aunque eso ya es otro tema), lo hace al margen del tiempo; el tiempo no es más que un molde que le ponemos a la realidad porque nos conviene… El tiempo es el único invento que no existe ni después de inventado. ¿Entonces, por qué nos lo hemos sacado de la manga? Pues porque el tiempo nos permite decir: esto ha ocurrido antes, esto otro está ocurriendo ahora, esto de más allá va a ocurrir luego… Pero, ¿quiénes somos nosotros para decidir lo que fue antes, lo que es ahora y lo que será luego? ¿Por qué no podemos morirnos antes de nacer? Si no nos hubiéramos inventado el tiempo, podríamos hacer cosas tan molonas como ésa.
No contentos con haber inventado algo tan molesto y perverso como el tiempo, encima ideamos formas de medirlo. Y ahí están los aztecas y los mayas haciendo calendarios precisísimos…, y Julio César, y Playboy haciendo calendarios también… Tampoco sé a quién le dio por dividir el año en días, y el día en horas (¿por qué veinticuatro?), y las horas en segundos (¿por qué tres mil seiscientos? Coño, ¿es que no había divisiones más sencillas?).
Pero lo que más me carcome el alma es el tema de los horarios. Esas tablitas de colores cutres hechas en Word que cuelgan en los tablones de anuncios de los centros de trabajo, de las universidades, de los colegios y demás instituciones. Para mí que los horarios son los instrumentos de dominación más peligrosos que existen… Los horarios controlan nuestra vida, y seguro que detrás de ellos hay un peligroso complot internacional.
Porque si no, no se explica que tengamos que levantarnos a eso de las siete de la mañana, hora arriba hora abajo (y estamos hablando de España, que en otros lugares son más exagerados todavía). Tal aberración debería ser denunciable. Los políticos deberían demostrar que sirven para algo promoviendo una ley que prohibiera que la jornada laboral y lectiva comenzara antes de las once de la mañana. Las once es una hora aceptable para comenzar a trabajar, o a estudiar… Pero, ¿las siete? Por favor, ¿qué broma es ésta?
Piénsalo bien. Si pudiéramos viajar hacia atrás en el tiempo para agarrar al gañán que lo inventó y pegarle cuatro pedradas y así evitar que condenara a la Humanidad a vivir por y para el tiempo hasta el fin de su existencia, todo sería mucho más fácil y divertido. Tu jefe no te despediría por llegar tarde (disculpe, yo no me he retrasado; usted es quien se ha adelantado), ni tu profesor te suspendería por no entregar a tiempo -otra curiosa expresión-, el dichoso trabajo de Lengua (¿que era p’al lunes? ¿Y ande queda eso?), ni tu novia te dejaría por no acordarte de vuestro aniversario (¿que llevamos un año juntos? ¿Y puedo preguntarte, cariño, qué coño es un año?).
Si es que el tiempo es una mierda, joder… ¿O no?
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El tiempo no es una mierda, Alberto, a ti no te gusta.
ResponderEliminarEl tiempo es dinero y el dinero no da la felicidad, la felicidad se vende en frascos pequeños y el tamaño no importa, luego el tiempo no importa.
Has planteado de una manera muy interesante el tema del tiempo y no discuto por el momento ninguno de ellos. Si el tiempo nos encierra, si los horarios nos limitan, somos nosotros los que nos dejamos dominar por ellos, sin embargo, es una dominación necesaria, ya que las personas, necesitamos establecernos límites a lo largo de nuestra vida, todo sea simplemente por organización.
El tiempo es un invento humano para contar y proporcionar las etapas de su propia historia, de su vida diaria. Solo hay que saber emplear bien el tiempo, por que por ejemplo, dices tu de los aniversarios... si no fuera cosa de tiempo, no tendría por que importar cuanto tiempo dediques a una persona o a una actividad, eso es un recuerdo que ha quedado atrás en el tiempo, sin embargo, le damos esa importancia, el tiempo nos afecta y nos hace valorar las cosas que perduran en él de manera distinta. En el mundo del arte por ejemplo, hay quien valora más las obras clásicas (de hace más tiempo) o las más modernas (muy recientes) con pretextos tales como "ahora llega la innovación" o "hoy en día el arte no significa lo mismo que hace tiempo" estas afirmaciones son validas o no dependiendo de unas personas a otras, pero no deja deser otra prueba más de que no todos percibimos el tiempo de igual manera, y no todos lo valoramos igual.
Simplemente, dejamos que el tiempo nos domine, para bien o para mal. Puede traernos felicidad o disgustos el pensar en tiempo pasado o futuro... tal vez debamos centrarnos un poco más en el presente y aunque sea duro y doloroso, tratar de olvidar el tiempo y centrarnos en los más hermosos recuerdos que no queremos olvidar por mucho tiempo que pase.
O no.
Por supuesto que en el mundo actual el tiempo y sus medidas son males necesarios. Si desaparecieran los horarios, si dejásemos de saber en qué día y año vivimos, esto se convertiría en un caos absoluto. Lo que intento expresar es que, tal vez, si el tiempo no se hubiera inventado nunca, hoy seríamos un poquito más libre. Quizás podríamos habérnoslas arreglado de otra manera, vete tú a saber... Es cierto que el tiempo nos ayuda a organizarnos, pero a cambio, él nos recuerda que envejecemos, él nos hace olvidar, él nos aproxima segundo a segundo, minuto a minuto, lenta pero inevitablemente, hacia la muerte...
ResponderEliminarPor otra parte, hablas del presente. El presente es un concepto muy curioso, otro invento del ser humano, en mi opinión. El presente existe incluso menos que el tiempo, ya que si aceptamos que el tiempo existe (aunque yo no esté de acuerdo), hablar de "pasado" y "futuro" tiene algo de sentido. "Pasado" es lo que pasó hasta el instante actual. "Futuro" es lo que va a pasar a partir del instante actual. Pero, ¿qué es el presente? Si lo identificamos con ese "instante actual" que hemos empleado para definir lo que es pasado y lo que es futuro, entonces resulta que el presente no es sino un punto sin dimensiones en la línea del tiempo. Resulta que el presente no existe realmente, incluso aceptando la existencia del tiempo.
O no.
Espero no haberte aburrido demasiado. Saludos.