sábado, 12 de septiembre de 2009

El circo

Pasen y vean, la entrada es gratis y el espectáculo ensordecedor. Siéntense cómodamente en el sillón de su casa, abran una lata de coca-cola, agárrense unas patatas fritas y disfruten del show. El único precio a pagar es pulsar un botón, da lo mismo cuál, de los nueve que hay a su disposición, pulsen uno, relájense, vean y escuchen. Hoy tenemos payasos sin nariz de goma que dan más pena que risa, monos de feria enjaulados de toda edad y condición, aquí no se salva ni Dios, dispuestos a liberar toda su furia para su gusto y entretenimiento, acróbatas de las puñaladas verbales, prestidigitadores de la demagogia y la mentira, trapecistas de la sinrazón y de la acusación sin fundamento, magos de la hipocresía, serpientes que escupen preguntas envenenadas y bufones sin vida privada que venden la poca dignidad que les quedaba dándoles respuesta sin pudor, sin miedo, aquí lo que vende es el morbo por el morbo y la carnaza, da igual si es nueva o si está podrida por los años y la muerte.

Aquí no hacemos distinciones, da igual tu raza, sexo, religión y condición, para que luego nos tachen de nada, con lo guays que somos, si hasta tú puedes ser el protagonista de la próxima función, el único requisito es haberte petado a algún payasete de los que ya forman parte de la cantera, o, en su defecto, saber de alguien, no importa lo lejano que sea a ti, que cumpla con el primer requisito. Si el susodicho payasete está olvidado, muerto, o si ha conseguido salir de este circo, dejar de ser un panoli, y rehacer su vida, cosa difícil, por cierto, pocos son los que lo consiguen, pues tanto mejor. No te preocupes si careces de este tipo de contactos…, siempre nos quedará nuestro recurso más productivo y morboso: la mentira. Si nos quedamos sin historias, nos las inventamos. Si no hay culpables, los dibujamos, y los acusamos bajo prudentes “presuntos” y “me han dicho ques”, total, qué más da, sólo son personas, algunas quizás tengan familia, hijos, marido o mujer y esas cosas…, pero ellos son daños colaterales, el precio de la fama, si no te gusta, no haber entrado, que no te hayan metido, te jodes, no hay vuelta atrás, aquí no hay lugar para la compasión ni para las segundas oportunidades.

Y lo mejor de todo es que da igual lo inverosímil, retorcida, bizarra e inmoral que sea la mentira que te inventes, la gente se la va a creer igual, o al menos va a hacer como que se la cree, nuestros fieles espectadores son muy buenos fingiendo, nos facilitan mucho el trabajo, qué palabra tan seria en los tiempos que corren como para emplearla aquí tan libremente, en fin, decía, nos facilitan mucho nuestra dudosa labor, dejémoslo ahí, al comerse con patatas nuestras contradicciones, nuestros donde dije digo digo Diego y nuestras fuentes infalibles que nunca dan pie con bola.

Y comienza el espectáculo. Música, maestro. A bombo y platillo, un señor amaneradamente trajeado presenta el primer número de la noche: el hijo del vecino de la prostituta que frecuentaba el cuñado de un celebérrimo cantante habla de sus andanzas sexuales con el gato de la abuela de la sobrina de otro celebérrimo actor de Hollywood. Si es que todo queda en familia, joder, que el mundo es un pañuelo, con muchos mocos, eso sí, todo llenito de mierda para repartir y vender a placer.

Las lágrimas dan más morbo si son de cocodrilo, o, mejor dicho, de caimán, las hostias, verbales y físicas, duelen (y venden) más si no están preparadas, si salen espontáneas, y si la cámara las capta, tanto mejor. Los debates subidos de tono, siempre con los mismos colaboradores, que saben de todo, que son unos cracks, que da igual si se habla del aborto, de la eutanasia, o de la reproducción estival de los zánganos, que al final todo es política: la culpa es del cejas, pero como el bigotes hizo lo mismo, la culpa queda saldada, ya no es de nadie, la responsabilidad se elude, qué más da; los debates subidos de tono, decía, por mucho que nos esforcemos en maquillarlos con una intelectualidad falsa e hipócrita, sólo sirven porque siempre provocan un aumento considerable de la afluencia a este circo mediático, la audiencia se dispara con las palabras malsonantes y las expresiones vulgares y groseras, los picos se corresponden con los insultos y las salidas de tono, a la gente le va la marcha, y acuden a la sangre, sea real o inventada, pactada, qué más da, como las moscas a la mierda.

Por si fuera poco, ahora tenemos una “novedad” que por estas fechas cumple diez años. Lo de encerrar a diez, doce, quince señores, señoras, señoritas y gentuza de toda clase y condición, da igual el número exacto, tanto mejor cuanto más alejados de la normalidad sean, porque lo friqui tira más, dentro de una casa llena de cámaras para mostrar sus desvergüenzas a todo el país, lo que decíamos, el morbo por el morbo, siempre es un buen reclamo para las moscas, digo, en qué estaría pensando, para todas las respetables personas que cada día se sientan frente a sus televisores y contribuyen con su sed de morbo absurdo al sostenimiento de este circo de mentira y mierda.

Pasen y vean, la entrada es gratis y el espectáculo es… ¿irrepetible? No, no lo es, y esta es otra maravillosa particularidad de nuestro circo. El espectáculo es cíclico, se repite cada veinticuatro horas, los trescientos sesenta y cinco días del año (trescientos sesenta y seis, si es bisiesto). Una maravilla.

Pasen y vean. Siéntense cómodamente y disfruten.

2 comentarios:

  1. Dentro del campo de la tolerancia que siempre defenderé y el respeto hacia la gente que sí difruta de estos programas, no puedo dejar de prestar mi apoyo a estos argumentos. No podemos olvidar que se trata de una televisión de entretenimiento, pero para todo hay un límite, y uno de esos límites puede ser esto mismo: emitir y vender carroña a costa de las personas solo por el mero placer de "cotillear"

    Y poco más se que decir al respecto XD.

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  2. Creí que ibas a poner el "mneh..." que me prometiste xD

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