Desde que nacemos, nuestros padres, nuestra familia, nuestra sociedad en general, nos inculca que todos, sin excepción somos iguales. Iguales ante la ley. Iguales ante Dios. Iguales, al fin y al cabo. Que los chicos son iguales que las chicas. Que los altos merecen el mismo respeto que los más bajitos. Que los homosexuales cuentan con los mismos derechos que los heteros (eso sí, hijo, tú mariconeos, ninguno…).
Para variar, no estoy de acuerdo. Pienso que todo esto es una gran mentira. La igualdad absoluta, entendida tal y como la conocemos ahora, es otra manifestación más de la infinita estupidez humana.
Cada uno de nosotros es único en su especie, es decir, en la especie humana. Nuestro código genético es personal e intransferible, como el bonobús, e incluso en los escasísimos casos de gemelos con idénticas secuencias de ADN, es innegable que cada uno de los hermanos es una persona diferente, con personalidades diferentes, modos de reaccionar diferentes, e incluso, con algo de tiempo, señales físicas diferenciadoras. Tal vez se parezcan. Tal vez sean semejantes, pero nunca serán iguales. Y es que lo que somos; lo que podríamos llamar nuestra alma, no es sino la suma de la información contenida en nuestros genes más el ambiente donde nacemos y nos desarrollamos. Y dentro del ambiente se incluyen factores tan variopintos como el clima, las vivencias personales, la influencia de las personas con quienes convivimos, etcétera. Así, podríamos decir que estamos determinados por un complejo sistema de variables que, debidamente combinadas, nos conforman como personas independientes y diferenciadas del resto.
Mi punto de partida, por tanto, es que todos somos diferentes. Piensa en tu mejor amigo/a. Haz una lista de cosas que tienes con él o ella en común (fíjate en vuestros gustos musicales o cinematográficos, aficiones, series y programas de televisión preferidos…, cualquier cosa que se te ocurra vale). Ahora haz una lista con las cosas que no tenéis en común. Estoy seguro de que la segunda lista te saldrá considerablemente más larga que la primera. Lo que ocurre es que a veces resulta que, casualidades de la vida, nos parecemos en algunos aspectos, y ya nos creemos que eso va a pasar siempre.
Quizá esta postura sea algo radical, y desde luego plantea no pocos inconvenientes. Sin embargo, también elimina unos cuantos problemas. Por ejemplo, pone de manifiesto el absurdo del miedo a lo diferente. Si asumimos que todos somos distintos, no tiene sentido alguno tenerle miedo o aversión a personas de diferente raza, sexo, religión o con distinta ideología u orientación sexual, ya que, si te paras a pensarlo, ellos son tan diferentes a ti como tú a ellos. La diferencia es más justa que la igualdad, porque no hace distinciones. La diferencia nos trata a todos por igual, porque, en el fondo, lo único que todos tenemos en común es que somos diferentes.
Paradojas aparte, hemos dejado reflejado más arriba que esto plantea algunos inconvenientes. Por ejemplo, si no es posible la igualdad, ¿es falso que todos somos iguales ante la ley? Mi respuesta es que sí, es falso. Y el que la ley te sea favorable o no depende de muchos factores: de tu posición social, de si tienes o no enchufes, de la cantidad de fondos de que dispongas para intentar sobornar a los magistrados… Pero incluso suponiendo la existencia de un mundo ideal en el que no se den estas situaciones, seguiría pensando que la ley no es igual para todos. Para empezar, la ley no puede tratarte de igual modo si eres culpable o si eres inocente. Tampoco creo que haya dos delitos exactamente iguales; siempre hay variables: no es lo mismo robar por necesidad que por avaricia (aunque no me voy a parar ahora a pensar si justificaría alguna de las dos motivaciones). Ni siquiera es lo mismo delinquir conscientemente que hacerlo sin conocimiento de causa, o sabiendo sin saber, o bajo una presión externa. Todos estos supuestos contemplados en la ley, y los que no están contemplados, nos dan una idea del punto al que llega nuestra desigualdad.
Pero, entonces, ¿no existe la igualdad?
Sí, es posible que exista, en cierto modo. Reitero lo que expresé unas líneas más arriba: si algo tenemos todos en común es nuestra diferencia. Y es que, como dijo alguien más inteligente que yo, la igualdad consiste en tratar a todos de manera desigual. Yo creo que tiene razón. ¿O no?
jueves, 22 de octubre de 2009
domingo, 18 de octubre de 2009
Límites del entendimiento.
La mente humana es a la vez compleja y sencilla. Durante años y años el ser humano ha estudiado y escrito acerca del funcionamiento del cerebro, sus funciones y peculiaridades. Tenemos facultades asombrosamente útiles como la memoria o la capacidad de abstracción, con lo que llegamos a que el cerebro no solo nos mantiene con vida y controla nuestro cuerpo, sino que además sirve para tratar de conocerse a sí mismo.
Así, la inteligencia humana no solo se pregunta por lo que le rodea, su origen y sus causas, sino que también se pregunta sobre sí mismo, creando un tremendo círculo vicioso: pensar en por qué pensamos y para que sirve. Filósofos y demás estudiosos han tratado este tema con sumo cuidado y dedicación, llegando la mayoría a plantearse temas que a nadie se le ocurriría pensar y desarrollar argumentaciones inimaginables sobre la mente humana.
Pero muchas veces podemos olvidarnos de que nuestra mente no deja de ser una pequeñísima parte del universo, cada mente es individual e irrepetible. Podemos incluso plantearnos que nuestras mentes no sean perfectas, que nuestro entendimiento humano tenga ciertas “lagunas” sobre cosas que no podemos explicar o que no podemos conocer simplemente por que se trata de cosas demasiado abstractas para el entendimiento mismo.
En cosas como esta, se plantea algo muy discutido a lo largo de la historia como es el tema de los sucesos paranormales, ante los cuales mucha gente se manifiesta en contra, ya que según este pensamiento, todos los sucesos tienen una base científica explicable que solo ha de ser descubierta. Aquí conviene puntualizar que la ciencia no es sino otro invento de la mente humana cuya pretensión es el conocimiento y el estudio de las realidades desde un punto de vista objetivo, es decir, imparcial y comprensible al nivel de la mente humana y ninguno más.
Quizás convendría entender que la mente humana, sirviéndose de la ciencia y explicaciones que esta da, está limitada a eso. Estos sucesos “paranormales” como los llamamos, pueden deber su explicación a algo sencilla y complejamente ininteligible para el intelecto humano y sus límites. Podemos aceptar realidades ajenas a nuestro entendimiento y comprender la creencia en espíritus, maldiciones e incluso la fe en el mismo Dios, considerado desde diversos puntos de vista en la historia en campos como la Filosofía, Teología, Religión, etc.
Puede existir un punto en la mente humana que permita diferenciar lo explicable de lo inexplicable, ya que aunque si es cierto que en muchas ocasiones estas cosas tienen una explicación razonable o científica para el ser humano, tantas otras quedan sin solución y quedan (ante posibles subdivisiones) dos opciones: negar su existencia o aceptar su existencia desde el punto de vista de que la mente humana, no puede explicar todo debido a sus límites.
Por lo que queda en manos de cada uno de nosotros decidir que creer o no, pero no está de más pararse a pensar si realmente todo lo puede explicar una mente tan compleja y tan sencilla como la nuestra. Nosotros contra el eterno universo, o no.
Así, la inteligencia humana no solo se pregunta por lo que le rodea, su origen y sus causas, sino que también se pregunta sobre sí mismo, creando un tremendo círculo vicioso: pensar en por qué pensamos y para que sirve. Filósofos y demás estudiosos han tratado este tema con sumo cuidado y dedicación, llegando la mayoría a plantearse temas que a nadie se le ocurriría pensar y desarrollar argumentaciones inimaginables sobre la mente humana.
Pero muchas veces podemos olvidarnos de que nuestra mente no deja de ser una pequeñísima parte del universo, cada mente es individual e irrepetible. Podemos incluso plantearnos que nuestras mentes no sean perfectas, que nuestro entendimiento humano tenga ciertas “lagunas” sobre cosas que no podemos explicar o que no podemos conocer simplemente por que se trata de cosas demasiado abstractas para el entendimiento mismo.
En cosas como esta, se plantea algo muy discutido a lo largo de la historia como es el tema de los sucesos paranormales, ante los cuales mucha gente se manifiesta en contra, ya que según este pensamiento, todos los sucesos tienen una base científica explicable que solo ha de ser descubierta. Aquí conviene puntualizar que la ciencia no es sino otro invento de la mente humana cuya pretensión es el conocimiento y el estudio de las realidades desde un punto de vista objetivo, es decir, imparcial y comprensible al nivel de la mente humana y ninguno más.
Quizás convendría entender que la mente humana, sirviéndose de la ciencia y explicaciones que esta da, está limitada a eso. Estos sucesos “paranormales” como los llamamos, pueden deber su explicación a algo sencilla y complejamente ininteligible para el intelecto humano y sus límites. Podemos aceptar realidades ajenas a nuestro entendimiento y comprender la creencia en espíritus, maldiciones e incluso la fe en el mismo Dios, considerado desde diversos puntos de vista en la historia en campos como la Filosofía, Teología, Religión, etc.
Puede existir un punto en la mente humana que permita diferenciar lo explicable de lo inexplicable, ya que aunque si es cierto que en muchas ocasiones estas cosas tienen una explicación razonable o científica para el ser humano, tantas otras quedan sin solución y quedan (ante posibles subdivisiones) dos opciones: negar su existencia o aceptar su existencia desde el punto de vista de que la mente humana, no puede explicar todo debido a sus límites.
Por lo que queda en manos de cada uno de nosotros decidir que creer o no, pero no está de más pararse a pensar si realmente todo lo puede explicar una mente tan compleja y tan sencilla como la nuestra. Nosotros contra el eterno universo, o no.
sábado, 3 de octubre de 2009
Las palabras (I)
Qué invento tan ingenioso, el de las palabras… Y tan necesario e imprescindible hoy en día. Imagínate un mundo sin palabras. Un mundo mudo, un mundo de páginas en blanco, un mundo donde para mencionar alguna cosa hubiera que señalarla con el dedo… Imagínate que quieres referirte al pico Everest, o a Ana Obregón, o a la próstata de tu interlocutor… Sería un tanto incómodo.
Con palabras se han escrito muchas cosas, y muchos son los que han reflexionado sobre ellas y con ellas; pero aún no hemos llegado a comprenderlas del todo, ni mucho menos… Por ejemplo, no podemos saber cuál fue la primera palabra que se inventó… Yo siempre he pensado que la primera palabra que se pronunció fue “¡Ay!”. ¿Por qué? Pues porque los cavernícolas, que al fin y al cabo son los inventores de las palabras, siempre han tenido fama de ser unos brutos, y probablemente se pasaran la vida peleándose y haciéndose daño. Y “¡Ay!” es la forma de expresión de dolor más universal que existe. Pero es una opinión, y se admiten apuestas.
Con las palabras se pueden hacer muchas cosas. Las palabras sirven para hacer cosas bellas, como poesías o canciones… Pero también sirven para insultar, para herir, para etiquetar… Y es que la Tierra está hecha de carbono, hidrógeno y palabras.
Hay palabras justas (igualdad, solidaridad) e injustas (racismo, homofobia); bonitas (cristal, mirlo) y antiestéticas (zarajo, padrastro); graciosas (quinquillero, pedorro) y serias (funeral, enfermedad); cortas (sí) y largas (desoxirribonucleico); positivas (sí) y negativas (no); alegres (¡¡¡fiesta!!!) y tristes (muerte); dolorosas (artritis) y paliativas (aspirina); dubitativas (quizá), seguras de sí mismas (confianza); claras (botijo) y ambiguas (huevo)… También están las intrusas, que han penetrado tan rápidamente en nuestro vocabulario cotidiano, que ya no sabemos si estamos mandando un e-mail o un correo electrónico, si nos estamos manducando un roast-beef o un chuletón de ternera, si tenemos stress o simplemente es que estamos hasta los cojones.
Ahora se está poniendo de moda lo de encuestar acerca de las palabras favoritas. “Amor”, “paz” y otras de este estilo encabezan todas las listas. Pero a mí hay una que me parece especialmente curiosa: la palabra “ojo”. Miradla bien. Observadla con detenimiento. ¿No es la jota una nariz y las oes de los lados los dos ojillos de la cara? El truco funciona también con la versión inglesa del vocablo… sólo que “eye” es una palabra que tiene sueño, o que se acaba de levantar, porque tiene los párpados a medio abrir… Por eso para mí “eye” es una palabra con legañas.
Pero…, ¿dónde quedan las palabras que ya nadie usa? ¿Dónde van? ¿Se olvidan? ¿Existen cementerios de palabras? Las palabras sinónimas…, ¿significan realmente lo mismo? ¿Cuántas palabras quedan por inventar? ¿Es estrictamente cierto que todo necesita tener un nombre? ¿O no...?
Con palabras se han escrito muchas cosas, y muchos son los que han reflexionado sobre ellas y con ellas; pero aún no hemos llegado a comprenderlas del todo, ni mucho menos… Por ejemplo, no podemos saber cuál fue la primera palabra que se inventó… Yo siempre he pensado que la primera palabra que se pronunció fue “¡Ay!”. ¿Por qué? Pues porque los cavernícolas, que al fin y al cabo son los inventores de las palabras, siempre han tenido fama de ser unos brutos, y probablemente se pasaran la vida peleándose y haciéndose daño. Y “¡Ay!” es la forma de expresión de dolor más universal que existe. Pero es una opinión, y se admiten apuestas.
Con las palabras se pueden hacer muchas cosas. Las palabras sirven para hacer cosas bellas, como poesías o canciones… Pero también sirven para insultar, para herir, para etiquetar… Y es que la Tierra está hecha de carbono, hidrógeno y palabras.
Hay palabras justas (igualdad, solidaridad) e injustas (racismo, homofobia); bonitas (cristal, mirlo) y antiestéticas (zarajo, padrastro); graciosas (quinquillero, pedorro) y serias (funeral, enfermedad); cortas (sí) y largas (desoxirribonucleico); positivas (sí) y negativas (no); alegres (¡¡¡fiesta!!!) y tristes (muerte); dolorosas (artritis) y paliativas (aspirina); dubitativas (quizá), seguras de sí mismas (confianza); claras (botijo) y ambiguas (huevo)… También están las intrusas, que han penetrado tan rápidamente en nuestro vocabulario cotidiano, que ya no sabemos si estamos mandando un e-mail o un correo electrónico, si nos estamos manducando un roast-beef o un chuletón de ternera, si tenemos stress o simplemente es que estamos hasta los cojones.
Ahora se está poniendo de moda lo de encuestar acerca de las palabras favoritas. “Amor”, “paz” y otras de este estilo encabezan todas las listas. Pero a mí hay una que me parece especialmente curiosa: la palabra “ojo”. Miradla bien. Observadla con detenimiento. ¿No es la jota una nariz y las oes de los lados los dos ojillos de la cara? El truco funciona también con la versión inglesa del vocablo… sólo que “eye” es una palabra que tiene sueño, o que se acaba de levantar, porque tiene los párpados a medio abrir… Por eso para mí “eye” es una palabra con legañas.
Pero…, ¿dónde quedan las palabras que ya nadie usa? ¿Dónde van? ¿Se olvidan? ¿Existen cementerios de palabras? Las palabras sinónimas…, ¿significan realmente lo mismo? ¿Cuántas palabras quedan por inventar? ¿Es estrictamente cierto que todo necesita tener un nombre? ¿O no...?
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Cómo eres según lo que sea
Como seres humanos, qué tendremos que necesitamos atribuir y dirigir nuestras vidas por cosas de fuera, y una de las que más nos gustan son los horóscopos.
Ateos, cienciólogos, ermitaños, budistas, haruhistas, materialistas, dequeístas, progresistas, listas, maristas, etc… seas lo que seas entre los que te identifiques crean en lo que crean siempre, siempre, siempre existirá quien crea en los horóscopos, la adivinación, etc. Se puede creer o no creer en mil cosas, pero siempre habrá alguien que crea en este gran invento humano.
Amablemente esa señora se ofrece a leerte la mano para decirte cómo esta va a dirigir tu vida: el dinero que vas a tener, tus matrimonios, tus hijos, tu trabajo… ¡Todo está en tu mano! ¿A caso soy yo o esta expresión toma dos sentidos aquí? Pues depende de si crees en la adivinación o no. Puedes entender que realmente tu futuro está escrito en tu palma o pensar por contrario que en tu poder queda lo que quieres hacer con tu vida y nada te lo va a decir. Si acaso… poniéndonos a pensar incluso –a fuerza de esto- a pensar en refranes con manos… ¿Quién realmente conoce algo como la palma de su mano? Seguro que quien inventó la frase no pensó en esta complejidad.
Dejando a un lado temas de adivinación, etc quería hablar sobre esos métodos o como se quieran llamar que te hablan de tu personalidad según tu algo.
Me explico, va desde lo más sencillo hasta lo más complejo, resulta que a día de hoy e ignorándolo podemos conocer a una persona por el color de su camiseta, la marca de pilas que usa en su mp3 (los que llevan bateria ya son la leche) o la cantidad de dentífrico que usan sobre el cepillo (los que lo usen, que tiene que haber de todo). Pregunto yo… ¿En base a que? ¿Si visto de rojo soy violento? ¿Si me peino patrás soy una persona cerrada a nuevas relaciones?
La psicología juega un papel fundamental en la creencia de horóscopos y similares como métodos de adivinación o catalogación de las personas. Esto es por que al leer uno de estos… “criterios” según lo que “somos” nosotros, logramos identificar con mayor facilidad las facultades que por ciencia infusa o coincidencia aparecen en la revista, en el periódico, el correo o el teletexto.
Sin ir más lejos, podemos ir al más antiguo de todos: el horóscopo. Según tu signo zodiacal serás de una manera o de otra… El hecho de haber nacido en un periodo del año u otro determina tu personalidad, eliminando tu libertad de ser tu mismo, según el horóscopo existen unas características clave que te definen. ¿Significa eso que personas como Freddie Mercury y Luis XIV, que comparten horóscopo son identificables principalmente por el hecho de haber nacido en Septiembre, que sean Virgo? ¿O habrá más diferencias que coincidencias en sus seres?
Ese es el factor psicológico en el que interviene el horóscopo o la adivinación, si nos dicen que tenemos una personalidad doble pensaremos: yo tan pronto me enfado como me contento, así que puede que tenga razón, y lo damos como verdadero. Si encontramos diferencias, no les damos importancia, nos fijamos en las coincidencias. A fuerza de esto, se puede creer también que será igualmente válido el hecho de que un horóscopo te diga el futuro, ya vayas a tener suerte en el amor, la familia o el dinero.
Digo yo… ¿el horóscopo te hace o lo haces? ¿Qué libertad le falta a una persona para hacer cuanto él quiera sin que las estrellas se lo digan? ¿Qué enlace guardan los astros con cada persona que nace en este mundo? ¿Con qué sentido nos pueden juzgar?
Al ser esto psicológico, cualquiera de nosotros puede ser un adivino:
Es fácil y divertido, solo tienes que buscar un criterio bonito e inventarte algo relacionado con él para catalogar a la gente. Siempre acertarás de una manera u otra, y es el efecto que causa en nosotros: que se trata de verdadera magia, que todos estamos cortados por el patrón de los astros.
Os pondré un ejemplo.
¿Cómo eres según tu nota musical favorita? Piensa una nota musical y apuntala, compara resultados abajo:
Do: eres una persona que adora ser primero en todo, para ti lo nuevo y lo principal es lo más importante.
Re: eres una persona repetitiva, necesitas reiterar las cosas para sentirte completamente segur@ de algo.
Mi: eres una persona egocéntrica y posesiva, para ti es más importante lo que piensas tu por encima de los demás.
Fa: Tu olor corporal se desprende con fuerza.
Sol: eres una persona alegre y sin preocupaciones, tienes tus momentos altos y bajos, pero siempre te ven brillar.
La: eres laísta.
Si: eres una persona positiva, para ti todo tiene un lado bueno y buscas sacárselo a todo.
Puede que no con todos, pero seguro que con alguno he acertado. Yo he creado este criterio, vosotros podéis hacer otros. La adivinación pues, es un arte muy antiguo en el que se puede creer, o no.
Ateos, cienciólogos, ermitaños, budistas, haruhistas, materialistas, dequeístas, progresistas, listas, maristas, etc… seas lo que seas entre los que te identifiques crean en lo que crean siempre, siempre, siempre existirá quien crea en los horóscopos, la adivinación, etc. Se puede creer o no creer en mil cosas, pero siempre habrá alguien que crea en este gran invento humano.
Amablemente esa señora se ofrece a leerte la mano para decirte cómo esta va a dirigir tu vida: el dinero que vas a tener, tus matrimonios, tus hijos, tu trabajo… ¡Todo está en tu mano! ¿A caso soy yo o esta expresión toma dos sentidos aquí? Pues depende de si crees en la adivinación o no. Puedes entender que realmente tu futuro está escrito en tu palma o pensar por contrario que en tu poder queda lo que quieres hacer con tu vida y nada te lo va a decir. Si acaso… poniéndonos a pensar incluso –a fuerza de esto- a pensar en refranes con manos… ¿Quién realmente conoce algo como la palma de su mano? Seguro que quien inventó la frase no pensó en esta complejidad.
Dejando a un lado temas de adivinación, etc quería hablar sobre esos métodos o como se quieran llamar que te hablan de tu personalidad según tu algo.
Me explico, va desde lo más sencillo hasta lo más complejo, resulta que a día de hoy e ignorándolo podemos conocer a una persona por el color de su camiseta, la marca de pilas que usa en su mp3 (los que llevan bateria ya son la leche) o la cantidad de dentífrico que usan sobre el cepillo (los que lo usen, que tiene que haber de todo). Pregunto yo… ¿En base a que? ¿Si visto de rojo soy violento? ¿Si me peino patrás soy una persona cerrada a nuevas relaciones?
La psicología juega un papel fundamental en la creencia de horóscopos y similares como métodos de adivinación o catalogación de las personas. Esto es por que al leer uno de estos… “criterios” según lo que “somos” nosotros, logramos identificar con mayor facilidad las facultades que por ciencia infusa o coincidencia aparecen en la revista, en el periódico, el correo o el teletexto.
Sin ir más lejos, podemos ir al más antiguo de todos: el horóscopo. Según tu signo zodiacal serás de una manera o de otra… El hecho de haber nacido en un periodo del año u otro determina tu personalidad, eliminando tu libertad de ser tu mismo, según el horóscopo existen unas características clave que te definen. ¿Significa eso que personas como Freddie Mercury y Luis XIV, que comparten horóscopo son identificables principalmente por el hecho de haber nacido en Septiembre, que sean Virgo? ¿O habrá más diferencias que coincidencias en sus seres?
Ese es el factor psicológico en el que interviene el horóscopo o la adivinación, si nos dicen que tenemos una personalidad doble pensaremos: yo tan pronto me enfado como me contento, así que puede que tenga razón, y lo damos como verdadero. Si encontramos diferencias, no les damos importancia, nos fijamos en las coincidencias. A fuerza de esto, se puede creer también que será igualmente válido el hecho de que un horóscopo te diga el futuro, ya vayas a tener suerte en el amor, la familia o el dinero.
Digo yo… ¿el horóscopo te hace o lo haces? ¿Qué libertad le falta a una persona para hacer cuanto él quiera sin que las estrellas se lo digan? ¿Qué enlace guardan los astros con cada persona que nace en este mundo? ¿Con qué sentido nos pueden juzgar?
Al ser esto psicológico, cualquiera de nosotros puede ser un adivino:
Es fácil y divertido, solo tienes que buscar un criterio bonito e inventarte algo relacionado con él para catalogar a la gente. Siempre acertarás de una manera u otra, y es el efecto que causa en nosotros: que se trata de verdadera magia, que todos estamos cortados por el patrón de los astros.
Os pondré un ejemplo.
¿Cómo eres según tu nota musical favorita? Piensa una nota musical y apuntala, compara resultados abajo:
Do: eres una persona que adora ser primero en todo, para ti lo nuevo y lo principal es lo más importante.
Re: eres una persona repetitiva, necesitas reiterar las cosas para sentirte completamente segur@ de algo.
Mi: eres una persona egocéntrica y posesiva, para ti es más importante lo que piensas tu por encima de los demás.
Fa: Tu olor corporal se desprende con fuerza.
Sol: eres una persona alegre y sin preocupaciones, tienes tus momentos altos y bajos, pero siempre te ven brillar.
La: eres laísta.
Si: eres una persona positiva, para ti todo tiene un lado bueno y buscas sacárselo a todo.
Puede que no con todos, pero seguro que con alguno he acertado. Yo he creado este criterio, vosotros podéis hacer otros. La adivinación pues, es un arte muy antiguo en el que se puede creer, o no.
sábado, 19 de septiembre de 2009
Los disfraces
Las personas somos los seres más extraños que puedes echarte a la cara. Si no, no se explicaría la necesidad, exclusivamente humana, de disfrazarnos continuamente.
Un disfraz, en sentido literal, es un objeto o prenda de vestir que cambia nuestro aspecto físico, de forma que los demás nos ven externamente de forma distinta a como somos en realidad. A veces, un disfraz puede consistir simplemente en una careta, o una máscara que oculte una parte de nuestro rostro, o incluso en un antifaz, que sencillamente esconde nuestros ojos de miradas ajenas. Otras veces, en cambio, los disfraces son de cuerpo entero, de forma que apenas podrían reconocernos con él puesto.
De cualquier modo, los disfraces, en sentido literal, son mentiras de tela que nos ponemos puntualmente en carnavales o fiestas de la misma índole para reírnos y pasárnoslo bien. Pero, como habréis imaginado, no es mi intención hablar aquí de los disfraces “en sentido literal”.
Y es que podemos establecer fácilmente una analogía entre estos disfraces físicos o externos y los disfraces “emocionales” o psicológicos, y aquí es donde entra en juego la innegable rareza humana. Pues algún listillo podría decirme que los disfraces no son algo necesariamente humano, ya que algunas especies de camaleones y otros bichejos similares pueden camuflarse para protegerse de sus depredadores, y esto es un disfraz en toda regla, y ahí sí que estamos de acuerdo. Pero también estaremos de acuerdo, o eso espero, si afirmo que el ser humano es el único animal con la capacidad de reprimir impulsos y atenuar o suprimir deseos, inquietudes e inclinaciones. Y esto, en definitiva, es disfrazar nuestra personalidad. Imagínate que estás en un banquete de boda, o en una comida familiar a la que asiste gente que no conoces de nada (cosa curiosa, por cierto, pero que siempre suele suceder), y te apetece comerte la última croqueta que queda en el plato de las croquetas (¿pero qué cojones tendrá la última croqueta, digo yo, que nunca nadie se la come…?), pero no lo haces porque te da vergüenza, a ver si se van a pensar que soy un gumias, piensas, y te esperas a que llegue otro menos vergonzoso que tú y dé cuenta de la pobre croqueta en tu lugar. Analicemos qué ha pasado. Has dejado de hacer algo que querías hacer, voluntariamente pero a la vez un poco condicionado por una causa externa: la vergüenza, el qué dirán; con el único propósito de evitar que los demás conocieran tu verdadera intención: comerte la maldita croqueta con gula, saboreando hasta el último grumito de jamón, mientras los demás te miran con lágrimas en los ojos y cara de, tío, la quería yo, joder… Si eso no es disfrazar nuestra personalidad, que venga Dios y lo vea.
Podría poner mil ejemplos más. Nos disfrazamos cuando decimos “ya te llamaré”, y en realidad queremos decir “no te llamaría ni aunque me estuviera desangrando y fueras la única persona en el mundo capaz de hacerme una transfusión”. Nos disfrazamos cuando le hacemos la pelota a un profesor para que nos apruebe, o a nuestros padres para que nos den dinero, o a nuestro jefe para que nos suba el sueldo, y en realidad queremos que cumplan nuestros deseos de una vez por todas para acabar cuanto antes con el paripé. Nos disfrazamos cuando tratamos de usted al banquero a quien solicitamos un crédito que sabemos de antemano que no nos van a conceder, aunque en realidad estemos cagándonos en todo su santísimo árbol genealógico en sentido ascendente. Nos disfrazamos cuando invitamos a nuestros amigos de quita y pon a otra ronda aunque en realidad estemos deseando que se vayan a freír monas de una vez por todas. Etcétera.
De lo anterior se deduce que el disfraz más común es la amabilidad. En la inmensa mayoría de las ocasiones, nos mostramos amables porque nos sentimos obligados a ello. Renunciamos a la sinceridad por la amabilidad. Un mundo sin disfraces sería más sincero, más real, pero menos agradable, seguramente, y eso que la amabilidad no es el único disfraz que el ser humano viste habitualmente. Y si no, ahí está el disfraz del amigo desinteresado, el del graciosillo, el del enamorado empedernido, el del falso arrepentido…
Pero no nos entretengamos más de lo necesario, y sigamos con esta extraña analogía. Al igual que los antifaces y las máscaras en el caso de los disfraces que hemos convenido llamar “físicos”, los disfraces emocionales pueden cubrir una parte más o menos pequeña de lo que somos, como ocurría en los ejemplos anteriores, y éstos son los casos más comunes. Pero también puede ocurrir que los disfraces nos cubran de arriba abajo, que no dejen ver lo que somos realmente, a veces quizás algo, una pequeña parte apenas apreciable bajo un repliegue o a través de alguna transparencia, y otras veces nada de nada, decepción total, el disfraz se adapta a nosotros y oculta tan perfectamente nuestra personalidad, psicología y modo de ser, por diferentes que sean ambos (entiéndase, disfraz y personalidad), que resulta totalmente imposible saber qué se oculta detrás. A veces, no obstante, sabemos que una persona va disfrazada, pero somos los demás quienes no nos atrevemos a mirar debajo del disfraz, porque no nos interesa saber lo que hay debajo, o nos da miedo saberlo. Y ahí tenemos a los que, siendo malvados y perversos, se disfrazan de buenas personas, como el simpático pederasta que te regala chupa-chups si tienes menos de seis años,el humilde y servicial obispo que se limpia el culo con crucifijos de oro, o el político que promete el oro y el moro…, y al final sólo nos trae el moro.
Menos común, aunque no por ello inexistente, es el caso contrario, pues hay quienes se disfrazan de rebeldes sin causa cuando en realidad tienen un corazón que no les cabe en el pecho. En los casos más extremos, el disfraz adopta forma de navajas, peleas, drogas y cárcel. Pero siempre se puede dar marcha atrás, o casi siempre, porque a veces vamos tan disfrazados, tan mentidos, que olvidamos quiénes somos…, y olvidar quién eres es lo más peligroso que te puede pasar en la vida.
En cualquier caso, los disfraces, al igual que el tiempo, es un invento humano que no debería existir, pero que se ha convertido en un mal necesario… Yo no puedo ir a mi profesor, que me acaba de suspender injustamente, y decirle que prefiero dispararme en la rodilla a ver la cara de tumor que tiene, por muy a gusto que me quedara y por mucho que realmente lo sintiera… No siempre puedes mostrarte tal como eres, aunque de eso tenemos la culpa nosotros mismos, por habernos inventado los disfraces. Pero a veces pienso que abusamos de esas mentiras llamadas disfraces, y que probablemente el mundo sería un poquito mejor si nos los quitáramos de vez en cuando.
Un saludo.
Un disfraz, en sentido literal, es un objeto o prenda de vestir que cambia nuestro aspecto físico, de forma que los demás nos ven externamente de forma distinta a como somos en realidad. A veces, un disfraz puede consistir simplemente en una careta, o una máscara que oculte una parte de nuestro rostro, o incluso en un antifaz, que sencillamente esconde nuestros ojos de miradas ajenas. Otras veces, en cambio, los disfraces son de cuerpo entero, de forma que apenas podrían reconocernos con él puesto.
De cualquier modo, los disfraces, en sentido literal, son mentiras de tela que nos ponemos puntualmente en carnavales o fiestas de la misma índole para reírnos y pasárnoslo bien. Pero, como habréis imaginado, no es mi intención hablar aquí de los disfraces “en sentido literal”.
Y es que podemos establecer fácilmente una analogía entre estos disfraces físicos o externos y los disfraces “emocionales” o psicológicos, y aquí es donde entra en juego la innegable rareza humana. Pues algún listillo podría decirme que los disfraces no son algo necesariamente humano, ya que algunas especies de camaleones y otros bichejos similares pueden camuflarse para protegerse de sus depredadores, y esto es un disfraz en toda regla, y ahí sí que estamos de acuerdo. Pero también estaremos de acuerdo, o eso espero, si afirmo que el ser humano es el único animal con la capacidad de reprimir impulsos y atenuar o suprimir deseos, inquietudes e inclinaciones. Y esto, en definitiva, es disfrazar nuestra personalidad. Imagínate que estás en un banquete de boda, o en una comida familiar a la que asiste gente que no conoces de nada (cosa curiosa, por cierto, pero que siempre suele suceder), y te apetece comerte la última croqueta que queda en el plato de las croquetas (¿pero qué cojones tendrá la última croqueta, digo yo, que nunca nadie se la come…?), pero no lo haces porque te da vergüenza, a ver si se van a pensar que soy un gumias, piensas, y te esperas a que llegue otro menos vergonzoso que tú y dé cuenta de la pobre croqueta en tu lugar. Analicemos qué ha pasado. Has dejado de hacer algo que querías hacer, voluntariamente pero a la vez un poco condicionado por una causa externa: la vergüenza, el qué dirán; con el único propósito de evitar que los demás conocieran tu verdadera intención: comerte la maldita croqueta con gula, saboreando hasta el último grumito de jamón, mientras los demás te miran con lágrimas en los ojos y cara de, tío, la quería yo, joder… Si eso no es disfrazar nuestra personalidad, que venga Dios y lo vea.
Podría poner mil ejemplos más. Nos disfrazamos cuando decimos “ya te llamaré”, y en realidad queremos decir “no te llamaría ni aunque me estuviera desangrando y fueras la única persona en el mundo capaz de hacerme una transfusión”. Nos disfrazamos cuando le hacemos la pelota a un profesor para que nos apruebe, o a nuestros padres para que nos den dinero, o a nuestro jefe para que nos suba el sueldo, y en realidad queremos que cumplan nuestros deseos de una vez por todas para acabar cuanto antes con el paripé. Nos disfrazamos cuando tratamos de usted al banquero a quien solicitamos un crédito que sabemos de antemano que no nos van a conceder, aunque en realidad estemos cagándonos en todo su santísimo árbol genealógico en sentido ascendente. Nos disfrazamos cuando invitamos a nuestros amigos de quita y pon a otra ronda aunque en realidad estemos deseando que se vayan a freír monas de una vez por todas. Etcétera.
De lo anterior se deduce que el disfraz más común es la amabilidad. En la inmensa mayoría de las ocasiones, nos mostramos amables porque nos sentimos obligados a ello. Renunciamos a la sinceridad por la amabilidad. Un mundo sin disfraces sería más sincero, más real, pero menos agradable, seguramente, y eso que la amabilidad no es el único disfraz que el ser humano viste habitualmente. Y si no, ahí está el disfraz del amigo desinteresado, el del graciosillo, el del enamorado empedernido, el del falso arrepentido…
Pero no nos entretengamos más de lo necesario, y sigamos con esta extraña analogía. Al igual que los antifaces y las máscaras en el caso de los disfraces que hemos convenido llamar “físicos”, los disfraces emocionales pueden cubrir una parte más o menos pequeña de lo que somos, como ocurría en los ejemplos anteriores, y éstos son los casos más comunes. Pero también puede ocurrir que los disfraces nos cubran de arriba abajo, que no dejen ver lo que somos realmente, a veces quizás algo, una pequeña parte apenas apreciable bajo un repliegue o a través de alguna transparencia, y otras veces nada de nada, decepción total, el disfraz se adapta a nosotros y oculta tan perfectamente nuestra personalidad, psicología y modo de ser, por diferentes que sean ambos (entiéndase, disfraz y personalidad), que resulta totalmente imposible saber qué se oculta detrás. A veces, no obstante, sabemos que una persona va disfrazada, pero somos los demás quienes no nos atrevemos a mirar debajo del disfraz, porque no nos interesa saber lo que hay debajo, o nos da miedo saberlo. Y ahí tenemos a los que, siendo malvados y perversos, se disfrazan de buenas personas, como el simpático pederasta que te regala chupa-chups si tienes menos de seis años,el humilde y servicial obispo que se limpia el culo con crucifijos de oro, o el político que promete el oro y el moro…, y al final sólo nos trae el moro.
Menos común, aunque no por ello inexistente, es el caso contrario, pues hay quienes se disfrazan de rebeldes sin causa cuando en realidad tienen un corazón que no les cabe en el pecho. En los casos más extremos, el disfraz adopta forma de navajas, peleas, drogas y cárcel. Pero siempre se puede dar marcha atrás, o casi siempre, porque a veces vamos tan disfrazados, tan mentidos, que olvidamos quiénes somos…, y olvidar quién eres es lo más peligroso que te puede pasar en la vida.
En cualquier caso, los disfraces, al igual que el tiempo, es un invento humano que no debería existir, pero que se ha convertido en un mal necesario… Yo no puedo ir a mi profesor, que me acaba de suspender injustamente, y decirle que prefiero dispararme en la rodilla a ver la cara de tumor que tiene, por muy a gusto que me quedara y por mucho que realmente lo sintiera… No siempre puedes mostrarte tal como eres, aunque de eso tenemos la culpa nosotros mismos, por habernos inventado los disfraces. Pero a veces pienso que abusamos de esas mentiras llamadas disfraces, y que probablemente el mundo sería un poquito mejor si nos los quitáramos de vez en cuando.
Un saludo.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
Point of Know return
En esta ocasión os traigo un tema musical acerca del cual quiero hacer una reflexión sobre una de las más difíciles fases que pasa el ser humano tras tomar una decisión: el arrepentimiento.
El tema original está en ingles, yo he realizado una pequeña adaptación de la letra para que sea más fácil de entender que con una traducción “meidingugel” que como todos sabemos, muy de fiar no es. El título de la canción es “Point of Know return”, que viene significando “Punto de saber volver”. Esta expresión en español no la utilizamos como tal, así que he modificado esta parte de la letra por “Point of no return”, “Punto sin retorno”, expresión equivalente en nuestra lengua que nos hace entender mucho mejor lo que nos quiere decir Kansas, la banda americana que creó e interpretó este tema.
No haré un análisis de la canción desde el punto de vista musical, sino que lo haré de tal manera, como ya he dicho, que se pueda hacer una reflexión sobre el mensaje que transmite a través de una letra que nos cuenta una historia ficticia sucedida hace muchos años, cuando los marineros creían que la tierra era plana y creían en un “Punto sin retorno” a partir del cual no podrían dar la vuelta al timón y volver a tierra para salvar sus vidas y evitar caer al abismo.
Os dejo aquí un enlace para que escuchéis la canción. Os aconsejo escucharla mientras seguís la traducción y ayudaros de la letra original para no perderos en caso de que esto pase. Después quizás os guste también oírla a lo largo de la reflexión.
Point of Know return - Kansas
Al igual que los navegantes creían en un punto mitológico situado en el océano guardado por demonios y bestias apocalípticas que al atravesarlo, era tarde para volver atrás y salvarse, las personas y el arrepentimiento humano están ahí, o no, según quien sea. Hay personas capaces de soportar el arrepentimiento y tragárselo, o capaces de percibir las cosas como algo que no requiere arrepentimiento alguno.
Pero siempre todo acto que realizamos deja alguna secuela. Un navío revuelve el agua por donde pasa y esta nunca vuelve a donde estaba antes. De igual modo, los sucesos de nuestra vida que dejamos atrás, quedan revueltos en la realidad pero retenidos en nuestra memoria. Pueden ser movimientos positivos o negativos según los percibamos. Esto no supone un problema mientras nuestras aguas revueltas nos transmitan una sensación positiva, pero cuando no es así, surge el arrepentimiento: ese querer reparar algo (no que hacerlo) que crees que podrías haber hecho de otro modo y recapacitas sobre cómo podrías haber llevado esa situación de otra manera. Tal vez en una fase de arrepentimiento quieras simplemente volver atrás y empezar de cero, o no, porque piensas que ya el agua está muy revuelta. Tal vez sea cosa de olvidar, o no. Tal vez se arregle con diálogo, o prestando nuevas oportunidades de un modo u otro o no.
El “Punto sin retorno” es en el que las personas seguimos creyendo. No a nivel cartográfico (lógicamente) sino psicológico o a veces incluso moral. Creemos que hay un punto a partir del cual no podemos arrepentirnos de nuestros actos, que no hay vuelta atrás, y damos la espalda al problema sin prestarle solución, a veces incluso a falta de arrepentimiento porque creemos que está bien. Creemos que a partir de cierto momento no podemos agarrar con firmeza el timón y evitar cruzar el punto, volver a tierra o navegar por aguas seguras.
Pero un mito es un mito, y esté en el contexto que esté lo seguirá siendo.
Si no existía un “Punto sin retorno” al final de la tierra, en la mente humana no tiene porque manifestarse, podemos ser capaces de darnos cuenta de que nunca es tarde para arrepentirnos. Podemos incluso pensar que quizás haya cosas de las que si podamos arrepentirnos y retomar de otra manera.
En la canción esto se refleja de una manera muy clara: un navegante bien pagado embarca y los marinos le guían camino al “Punto sin retorno”. Este sujeto, el protagonista se pregunta continuamente de manera obsesiva “¿Cuánto queda, cuánto queda?” Porque sabe a que se enfrenta, quiere estar seguro de que llegado el momento podrá decir “basta” y volver atrás, necesita saber cuanto tiempo tiene para arrepentirse, es lo unico que no sabe, dónde está el punto a partir del cual no podrá hacer nada.
La canción describe la llegada al punto como el oscurecimiento del mar, la llegada a un lugar custodiado por demonios y bestias. Esto es fácilmente interpretable como la llegada de los malos pensamientos y las sensaciones negativas. Saber que algo no va bien, darse cuenta de que no se ha obrado como se debería, y es cuando empieza a surgir el arrepentimiento.
La familia del protagonista sabía también este triste destino (el no retorno) y transmitieron su mensaje de necesidad, amor y preocupación. La canción termina cuando “yo” recibo un mensaje de este navegante, que aterrado lloraba ante la llegada al punto sin retorno, su miedo le impidió actuar ante el arrepentimiento, era consciente de que llegaría al punto sin retorno pero el miedo le hacía preocuparse tanto por cuándo llegaría que no pensó en si debía arrepentirse o no. En este caso, sí debió, y perdió la oportunidad.
No hay que arrepentirse con miedo al propio hecho de arrepentirse porque creamos que las cosas tienen que ser como están y no podamos arreglarlas. Di un amplio “no” al conformismo, ya que siempre habrá algo que te haga un poco más feliz. Puede que aunque cueste un poco, arrepintiéndote de algo todo se arregle, no hay punto sin retorno, eso es algo que tú impones, puede que aunque no lo percibieras del modo correcto antes, te des cuenta con el tiempo de que todo iba bien. No al punto sin retorno, no al conformismo. Tampoco hay que obcecarse con el temor a ese punto sin retorno, ya está dicho que el mito, en mito se queda. El arrepentimiento no dolerá tanto como el saber que no hiciste lo que debiste cuando tuviste la oportunidad, si te vas a arrepentir, hazlo de algo que hayas hecho y no de algo que guardes en tu mente.
El arrepentimiento como tal no sirve de nada, es la determinación de cada uno la que hace que actuemos o no para solucionar una circunstancia de arrepentimiento. Por si solo, el arrepentimiento solo es una fase negativa que causa dudas y dolor, y por norma general tratamos de ignorar y dejar que el tiempo cure. Pero cuando realmente aceptamos que el arrepentimiento también es una realidad, podemos tomar la decisión de hacer algo al respecto.
Arrepentirse no es volver hacia atrás, por lo que no tiene que suponer volver a caer, arrepentirse es el primer paso para iniciar un nuevo episodio.
No hay punto sin retorno, nunca es tarde para nada, ni tal siquiera para arrepentirse, busca el punto medio entre la razón y el corazón y lucha por lo que de verdad importa, o no.
El tema original está en ingles, yo he realizado una pequeña adaptación de la letra para que sea más fácil de entender que con una traducción “meidingugel” que como todos sabemos, muy de fiar no es. El título de la canción es “Point of Know return”, que viene significando “Punto de saber volver”. Esta expresión en español no la utilizamos como tal, así que he modificado esta parte de la letra por “Point of no return”, “Punto sin retorno”, expresión equivalente en nuestra lengua que nos hace entender mucho mejor lo que nos quiere decir Kansas, la banda americana que creó e interpretó este tema.
No haré un análisis de la canción desde el punto de vista musical, sino que lo haré de tal manera, como ya he dicho, que se pueda hacer una reflexión sobre el mensaje que transmite a través de una letra que nos cuenta una historia ficticia sucedida hace muchos años, cuando los marineros creían que la tierra era plana y creían en un “Punto sin retorno” a partir del cual no podrían dar la vuelta al timón y volver a tierra para salvar sus vidas y evitar caer al abismo.
Os dejo aquí un enlace para que escuchéis la canción. Os aconsejo escucharla mientras seguís la traducción y ayudaros de la letra original para no perderos en caso de que esto pase. Después quizás os guste también oírla a lo largo de la reflexión.
Point of Know return - Kansas
Letra original en ingles
I Heard The Men Saying Something
The Captains Tell They Pay You Well
And They Say They Need Sailing Men To
Show The Way, And Leave Today
Was It You That Said, "how Long, How Long?"
They Say The Sea Turns So Dark That
You Know It´s Time, You See The Sign
They Say The Point Demons Guard Is
An Ocean Grave, For All The Brave,
Was It You That Said, "how Long, How Long,
How Long To The Point Of no Return?"
Your Father, He Said He Needs You
Your Mother, She Says She Loves You
Your Brothers, They Echo Your Words:
"how Far To The Point Of no Return?"
"well, How Long?"
Today I Found A Message Floating
In The Sea From You To Me
It Said That When You Could See It
You Cried With Fear, The Point Was Near
Was It You That Said, "how Long, How Long
To The Point Of no Return?"
Adaptación al castellano
Escuché a un hombre diciendo algo
Los capitanes dicen que te pagaron bien
Y dijeron que necesitaban navegantes para
mostrarles el camino y llegar hoy.
¿Eras tu el que decía “cuanto queda, cuanto queda?
Dicen que el mar se vuelve tan oscuro que
Sabes que es el momento, ves la señal
Dicen que es el punto que guardan los demonios,
Una tumba en el océano, para todos los valientes
¿Eras tu el que decía “cuanto queda, cuanto queda?
¿Cuánto queda hasta el punto sin retorno?
Tu padre, él dijo que te necesita.
Tu madre, ella dijo que te amaba.
Tus hermanos, ellos repitieron tus palabras:
“¿Cuánto queda hasta el punto sin retorno?”
“Bueno, ¿Cuánto queda?”
Hoy he encontrado un mensaje flotando
En el mar, de ti para mí.
Decía que cuando pudiste verlo
Lloraste con miedo, el punto estaba cerca
¿Eras tu el que decía “cuanto queda, cuanto queda, cuánto queda hasta el punto sin retorno?
I Heard The Men Saying Something
The Captains Tell They Pay You Well
And They Say They Need Sailing Men To
Show The Way, And Leave Today
Was It You That Said, "how Long, How Long?"
They Say The Sea Turns So Dark That
You Know It´s Time, You See The Sign
They Say The Point Demons Guard Is
An Ocean Grave, For All The Brave,
Was It You That Said, "how Long, How Long,
How Long To The Point Of no Return?"
Your Father, He Said He Needs You
Your Mother, She Says She Loves You
Your Brothers, They Echo Your Words:
"how Far To The Point Of no Return?"
"well, How Long?"
Today I Found A Message Floating
In The Sea From You To Me
It Said That When You Could See It
You Cried With Fear, The Point Was Near
Was It You That Said, "how Long, How Long
To The Point Of no Return?"
Adaptación al castellano
Escuché a un hombre diciendo algo
Los capitanes dicen que te pagaron bien
Y dijeron que necesitaban navegantes para
mostrarles el camino y llegar hoy.
¿Eras tu el que decía “cuanto queda, cuanto queda?
Dicen que el mar se vuelve tan oscuro que
Sabes que es el momento, ves la señal
Dicen que es el punto que guardan los demonios,
Una tumba en el océano, para todos los valientes
¿Eras tu el que decía “cuanto queda, cuanto queda?
¿Cuánto queda hasta el punto sin retorno?
Tu padre, él dijo que te necesita.
Tu madre, ella dijo que te amaba.
Tus hermanos, ellos repitieron tus palabras:
“¿Cuánto queda hasta el punto sin retorno?”
“Bueno, ¿Cuánto queda?”
Hoy he encontrado un mensaje flotando
En el mar, de ti para mí.
Decía que cuando pudiste verlo
Lloraste con miedo, el punto estaba cerca
¿Eras tu el que decía “cuanto queda, cuanto queda, cuánto queda hasta el punto sin retorno?
Al igual que los navegantes creían en un punto mitológico situado en el océano guardado por demonios y bestias apocalípticas que al atravesarlo, era tarde para volver atrás y salvarse, las personas y el arrepentimiento humano están ahí, o no, según quien sea. Hay personas capaces de soportar el arrepentimiento y tragárselo, o capaces de percibir las cosas como algo que no requiere arrepentimiento alguno.
Pero siempre todo acto que realizamos deja alguna secuela. Un navío revuelve el agua por donde pasa y esta nunca vuelve a donde estaba antes. De igual modo, los sucesos de nuestra vida que dejamos atrás, quedan revueltos en la realidad pero retenidos en nuestra memoria. Pueden ser movimientos positivos o negativos según los percibamos. Esto no supone un problema mientras nuestras aguas revueltas nos transmitan una sensación positiva, pero cuando no es así, surge el arrepentimiento: ese querer reparar algo (no que hacerlo) que crees que podrías haber hecho de otro modo y recapacitas sobre cómo podrías haber llevado esa situación de otra manera. Tal vez en una fase de arrepentimiento quieras simplemente volver atrás y empezar de cero, o no, porque piensas que ya el agua está muy revuelta. Tal vez sea cosa de olvidar, o no. Tal vez se arregle con diálogo, o prestando nuevas oportunidades de un modo u otro o no.
El “Punto sin retorno” es en el que las personas seguimos creyendo. No a nivel cartográfico (lógicamente) sino psicológico o a veces incluso moral. Creemos que hay un punto a partir del cual no podemos arrepentirnos de nuestros actos, que no hay vuelta atrás, y damos la espalda al problema sin prestarle solución, a veces incluso a falta de arrepentimiento porque creemos que está bien. Creemos que a partir de cierto momento no podemos agarrar con firmeza el timón y evitar cruzar el punto, volver a tierra o navegar por aguas seguras.
Pero un mito es un mito, y esté en el contexto que esté lo seguirá siendo.
Si no existía un “Punto sin retorno” al final de la tierra, en la mente humana no tiene porque manifestarse, podemos ser capaces de darnos cuenta de que nunca es tarde para arrepentirnos. Podemos incluso pensar que quizás haya cosas de las que si podamos arrepentirnos y retomar de otra manera.
En la canción esto se refleja de una manera muy clara: un navegante bien pagado embarca y los marinos le guían camino al “Punto sin retorno”. Este sujeto, el protagonista se pregunta continuamente de manera obsesiva “¿Cuánto queda, cuánto queda?” Porque sabe a que se enfrenta, quiere estar seguro de que llegado el momento podrá decir “basta” y volver atrás, necesita saber cuanto tiempo tiene para arrepentirse, es lo unico que no sabe, dónde está el punto a partir del cual no podrá hacer nada.
La canción describe la llegada al punto como el oscurecimiento del mar, la llegada a un lugar custodiado por demonios y bestias. Esto es fácilmente interpretable como la llegada de los malos pensamientos y las sensaciones negativas. Saber que algo no va bien, darse cuenta de que no se ha obrado como se debería, y es cuando empieza a surgir el arrepentimiento.
La familia del protagonista sabía también este triste destino (el no retorno) y transmitieron su mensaje de necesidad, amor y preocupación. La canción termina cuando “yo” recibo un mensaje de este navegante, que aterrado lloraba ante la llegada al punto sin retorno, su miedo le impidió actuar ante el arrepentimiento, era consciente de que llegaría al punto sin retorno pero el miedo le hacía preocuparse tanto por cuándo llegaría que no pensó en si debía arrepentirse o no. En este caso, sí debió, y perdió la oportunidad.
No hay que arrepentirse con miedo al propio hecho de arrepentirse porque creamos que las cosas tienen que ser como están y no podamos arreglarlas. Di un amplio “no” al conformismo, ya que siempre habrá algo que te haga un poco más feliz. Puede que aunque cueste un poco, arrepintiéndote de algo todo se arregle, no hay punto sin retorno, eso es algo que tú impones, puede que aunque no lo percibieras del modo correcto antes, te des cuenta con el tiempo de que todo iba bien. No al punto sin retorno, no al conformismo. Tampoco hay que obcecarse con el temor a ese punto sin retorno, ya está dicho que el mito, en mito se queda. El arrepentimiento no dolerá tanto como el saber que no hiciste lo que debiste cuando tuviste la oportunidad, si te vas a arrepentir, hazlo de algo que hayas hecho y no de algo que guardes en tu mente.
El arrepentimiento como tal no sirve de nada, es la determinación de cada uno la que hace que actuemos o no para solucionar una circunstancia de arrepentimiento. Por si solo, el arrepentimiento solo es una fase negativa que causa dudas y dolor, y por norma general tratamos de ignorar y dejar que el tiempo cure. Pero cuando realmente aceptamos que el arrepentimiento también es una realidad, podemos tomar la decisión de hacer algo al respecto.
Arrepentirse no es volver hacia atrás, por lo que no tiene que suponer volver a caer, arrepentirse es el primer paso para iniciar un nuevo episodio.
No hay punto sin retorno, nunca es tarde para nada, ni tal siquiera para arrepentirse, busca el punto medio entre la razón y el corazón y lucha por lo que de verdad importa, o no.
sábado, 12 de septiembre de 2009
El circo
Pasen y vean, la entrada es gratis y el espectáculo ensordecedor. Siéntense cómodamente en el sillón de su casa, abran una lata de coca-cola, agárrense unas patatas fritas y disfruten del show. El único precio a pagar es pulsar un botón, da lo mismo cuál, de los nueve que hay a su disposición, pulsen uno, relájense, vean y escuchen. Hoy tenemos payasos sin nariz de goma que dan más pena que risa, monos de feria enjaulados de toda edad y condición, aquí no se salva ni Dios, dispuestos a liberar toda su furia para su gusto y entretenimiento, acróbatas de las puñaladas verbales, prestidigitadores de la demagogia y la mentira, trapecistas de la sinrazón y de la acusación sin fundamento, magos de la hipocresía, serpientes que escupen preguntas envenenadas y bufones sin vida privada que venden la poca dignidad que les quedaba dándoles respuesta sin pudor, sin miedo, aquí lo que vende es el morbo por el morbo y la carnaza, da igual si es nueva o si está podrida por los años y la muerte.
Aquí no hacemos distinciones, da igual tu raza, sexo, religión y condición, para que luego nos tachen de nada, con lo guays que somos, si hasta tú puedes ser el protagonista de la próxima función, el único requisito es haberte petado a algún payasete de los que ya forman parte de la cantera, o, en su defecto, saber de alguien, no importa lo lejano que sea a ti, que cumpla con el primer requisito. Si el susodicho payasete está olvidado, muerto, o si ha conseguido salir de este circo, dejar de ser un panoli, y rehacer su vida, cosa difícil, por cierto, pocos son los que lo consiguen, pues tanto mejor. No te preocupes si careces de este tipo de contactos…, siempre nos quedará nuestro recurso más productivo y morboso: la mentira. Si nos quedamos sin historias, nos las inventamos. Si no hay culpables, los dibujamos, y los acusamos bajo prudentes “presuntos” y “me han dicho ques”, total, qué más da, sólo son personas, algunas quizás tengan familia, hijos, marido o mujer y esas cosas…, pero ellos son daños colaterales, el precio de la fama, si no te gusta, no haber entrado, que no te hayan metido, te jodes, no hay vuelta atrás, aquí no hay lugar para la compasión ni para las segundas oportunidades.
Y lo mejor de todo es que da igual lo inverosímil, retorcida, bizarra e inmoral que sea la mentira que te inventes, la gente se la va a creer igual, o al menos va a hacer como que se la cree, nuestros fieles espectadores son muy buenos fingiendo, nos facilitan mucho el trabajo, qué palabra tan seria en los tiempos que corren como para emplearla aquí tan libremente, en fin, decía, nos facilitan mucho nuestra dudosa labor, dejémoslo ahí, al comerse con patatas nuestras contradicciones, nuestros donde dije digo digo Diego y nuestras fuentes infalibles que nunca dan pie con bola.
Y comienza el espectáculo. Música, maestro. A bombo y platillo, un señor amaneradamente trajeado presenta el primer número de la noche: el hijo del vecino de la prostituta que frecuentaba el cuñado de un celebérrimo cantante habla de sus andanzas sexuales con el gato de la abuela de la sobrina de otro celebérrimo actor de Hollywood. Si es que todo queda en familia, joder, que el mundo es un pañuelo, con muchos mocos, eso sí, todo llenito de mierda para repartir y vender a placer.
Las lágrimas dan más morbo si son de cocodrilo, o, mejor dicho, de caimán, las hostias, verbales y físicas, duelen (y venden) más si no están preparadas, si salen espontáneas, y si la cámara las capta, tanto mejor. Los debates subidos de tono, siempre con los mismos colaboradores, que saben de todo, que son unos cracks, que da igual si se habla del aborto, de la eutanasia, o de la reproducción estival de los zánganos, que al final todo es política: la culpa es del cejas, pero como el bigotes hizo lo mismo, la culpa queda saldada, ya no es de nadie, la responsabilidad se elude, qué más da; los debates subidos de tono, decía, por mucho que nos esforcemos en maquillarlos con una intelectualidad falsa e hipócrita, sólo sirven porque siempre provocan un aumento considerable de la afluencia a este circo mediático, la audiencia se dispara con las palabras malsonantes y las expresiones vulgares y groseras, los picos se corresponden con los insultos y las salidas de tono, a la gente le va la marcha, y acuden a la sangre, sea real o inventada, pactada, qué más da, como las moscas a la mierda.
Por si fuera poco, ahora tenemos una “novedad” que por estas fechas cumple diez años. Lo de encerrar a diez, doce, quince señores, señoras, señoritas y gentuza de toda clase y condición, da igual el número exacto, tanto mejor cuanto más alejados de la normalidad sean, porque lo friqui tira más, dentro de una casa llena de cámaras para mostrar sus desvergüenzas a todo el país, lo que decíamos, el morbo por el morbo, siempre es un buen reclamo para las moscas, digo, en qué estaría pensando, para todas las respetables personas que cada día se sientan frente a sus televisores y contribuyen con su sed de morbo absurdo al sostenimiento de este circo de mentira y mierda.
Pasen y vean, la entrada es gratis y el espectáculo es… ¿irrepetible? No, no lo es, y esta es otra maravillosa particularidad de nuestro circo. El espectáculo es cíclico, se repite cada veinticuatro horas, los trescientos sesenta y cinco días del año (trescientos sesenta y seis, si es bisiesto). Una maravilla.
Pasen y vean. Siéntense cómodamente y disfruten.
Aquí no hacemos distinciones, da igual tu raza, sexo, religión y condición, para que luego nos tachen de nada, con lo guays que somos, si hasta tú puedes ser el protagonista de la próxima función, el único requisito es haberte petado a algún payasete de los que ya forman parte de la cantera, o, en su defecto, saber de alguien, no importa lo lejano que sea a ti, que cumpla con el primer requisito. Si el susodicho payasete está olvidado, muerto, o si ha conseguido salir de este circo, dejar de ser un panoli, y rehacer su vida, cosa difícil, por cierto, pocos son los que lo consiguen, pues tanto mejor. No te preocupes si careces de este tipo de contactos…, siempre nos quedará nuestro recurso más productivo y morboso: la mentira. Si nos quedamos sin historias, nos las inventamos. Si no hay culpables, los dibujamos, y los acusamos bajo prudentes “presuntos” y “me han dicho ques”, total, qué más da, sólo son personas, algunas quizás tengan familia, hijos, marido o mujer y esas cosas…, pero ellos son daños colaterales, el precio de la fama, si no te gusta, no haber entrado, que no te hayan metido, te jodes, no hay vuelta atrás, aquí no hay lugar para la compasión ni para las segundas oportunidades.
Y lo mejor de todo es que da igual lo inverosímil, retorcida, bizarra e inmoral que sea la mentira que te inventes, la gente se la va a creer igual, o al menos va a hacer como que se la cree, nuestros fieles espectadores son muy buenos fingiendo, nos facilitan mucho el trabajo, qué palabra tan seria en los tiempos que corren como para emplearla aquí tan libremente, en fin, decía, nos facilitan mucho nuestra dudosa labor, dejémoslo ahí, al comerse con patatas nuestras contradicciones, nuestros donde dije digo digo Diego y nuestras fuentes infalibles que nunca dan pie con bola.
Y comienza el espectáculo. Música, maestro. A bombo y platillo, un señor amaneradamente trajeado presenta el primer número de la noche: el hijo del vecino de la prostituta que frecuentaba el cuñado de un celebérrimo cantante habla de sus andanzas sexuales con el gato de la abuela de la sobrina de otro celebérrimo actor de Hollywood. Si es que todo queda en familia, joder, que el mundo es un pañuelo, con muchos mocos, eso sí, todo llenito de mierda para repartir y vender a placer.
Las lágrimas dan más morbo si son de cocodrilo, o, mejor dicho, de caimán, las hostias, verbales y físicas, duelen (y venden) más si no están preparadas, si salen espontáneas, y si la cámara las capta, tanto mejor. Los debates subidos de tono, siempre con los mismos colaboradores, que saben de todo, que son unos cracks, que da igual si se habla del aborto, de la eutanasia, o de la reproducción estival de los zánganos, que al final todo es política: la culpa es del cejas, pero como el bigotes hizo lo mismo, la culpa queda saldada, ya no es de nadie, la responsabilidad se elude, qué más da; los debates subidos de tono, decía, por mucho que nos esforcemos en maquillarlos con una intelectualidad falsa e hipócrita, sólo sirven porque siempre provocan un aumento considerable de la afluencia a este circo mediático, la audiencia se dispara con las palabras malsonantes y las expresiones vulgares y groseras, los picos se corresponden con los insultos y las salidas de tono, a la gente le va la marcha, y acuden a la sangre, sea real o inventada, pactada, qué más da, como las moscas a la mierda.
Por si fuera poco, ahora tenemos una “novedad” que por estas fechas cumple diez años. Lo de encerrar a diez, doce, quince señores, señoras, señoritas y gentuza de toda clase y condición, da igual el número exacto, tanto mejor cuanto más alejados de la normalidad sean, porque lo friqui tira más, dentro de una casa llena de cámaras para mostrar sus desvergüenzas a todo el país, lo que decíamos, el morbo por el morbo, siempre es un buen reclamo para las moscas, digo, en qué estaría pensando, para todas las respetables personas que cada día se sientan frente a sus televisores y contribuyen con su sed de morbo absurdo al sostenimiento de este circo de mentira y mierda.
Pasen y vean, la entrada es gratis y el espectáculo es… ¿irrepetible? No, no lo es, y esta es otra maravillosa particularidad de nuestro circo. El espectáculo es cíclico, se repite cada veinticuatro horas, los trescientos sesenta y cinco días del año (trescientos sesenta y seis, si es bisiesto). Una maravilla.
Pasen y vean. Siéntense cómodamente y disfruten.
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